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martes, 16 de diciembre de 2014

El origen de la expresión "que te den morcilla"



Estoy segura de que los amantes de la morcilla somos legión, ya sea como aperitivo, como aderezo de un suculento guiso o simplemente en un delicioso y tentador bocadillo de morcilla. Pero hubo un tiempo en el que el hecho de que te invitaran a comer este suculento embutido era una manera de desearte lo peor, de hecho ha dejado su eco en nuestra forma de hablar hoy en día. Os cuento:

Es muy probable que en medio de una desairada conversación, o simplemente por rechazar algo que te están ofreciendo, la persona que está enfrente de ti te diga contundentemente:
-¡Pues que te den morcilla!
Y tú, sobre todo si te gusta esta deliciosa chacina, digas zanjando la situación:
-Ah, pues vale

Pero lo que no todos saben, al menos yo hasta que lo descubrí, es que esa persona inocentemente o no, te está deseando la muerte. Hace años y debido a la poca higiene que había sobre todo en las calles y aguas de las ciudades, campaba a sus anchas una peligrosa y fácilmente contagiosa enfermedad llamada hidrofobia o "rabia" que era trasmitida por perros y otros animales callejeros como gatos y ratas. Las autoridades de la época, al ver que esta situación se  les convertía en un grave problema de salud pública, llegando incluso al grado de epidemia, decidieron erradicar el peligro dando de comer a estos animales una suerte de morcillas en cuyo interior habían colocado un veneno mortal llamado "estricnina". Ni que decir tiene que la cosa funcionó a las mil maravillas pero como era normal, este cruel procedimiento mataba tanto a enfermos como a sanos y los defensores de los animales, especialmente de los perros, alzaron tanto la voz que consiguieron a finales del siglo XIX, que en los ayuntamientos de las principales ciudades españolas, se crearan las odiosas pero necesarias perreras y de camino la profesión de lacero, controlando así la situación en las calles.

El perrillo que vemos en la foto (obra de Robert Doisneau) posa delante de la leyenda "Attention, Chien mechant" que es como decir: "Cuidado, perro peligroso". Puede que en otros tiempos le hubieran "dado morcilla", pero a ver quién es el guapo que se resiste a su mirada de "perrillo apaleado" y no se enamora de él.

Marian Otero

martes, 25 de noviembre de 2014

¿Por qué comemos palomitas de maíz en el cine?



En los comienzos de la explotación comercial del cine, el hecho de ir a ver una película era uno de los pocos entretenimientos que tenían las clases más desfavorecidas. Al igual que ahora, no son pocas las familias que se sientan frente al televisor para ver su serie favorita mientras cenan, en aquello primeros años en los que no existía la caja tonta, no era extraño que las familias o amigos se reunieran en las salas de proyección para comer o beber algo mientras veían una película, era un formato de entretenimiento totalmente distinto a como se nos presenta hoy en día, con inclusión de bailes y orquestas que amenizaban aquellas sesiones de cine mudo. 

Con la llegada de la crisis de 1929 la clases populares quedaron totalmente arruinadas y aunque las entradas para el cine seguían siendo realmente baratas (sobre todo comparadas con las de hoy día), la economía familiar no llegaba para hacer gastos también en el interior de las salas, así que se impuso como alternativa el vender en los accesos de los cines, cucuruchos de palomitas de maíz, un producto del que habían existencias suficientes, era muy barato, tenía muchas calorías -más si se le añade mantequilla-, saciaba el hambre (un recipiente de los grandes puede tener hasta 1200 calorías) y además no ensuciaba el local. 

No tardaron los dueños de las salas exhibidoras en darse cuenta del negocio potencial de las palomitas y pensaron añadirlo a su oferta. Julia Braden convenció a los dueños del Linwood Theater de Missouri para que le dejaran colocar su puesto de palomitas dentro del propio cine, en vez de en la calle como hasta entonces. El negocio fue mayúsculo, tanto que a partir de 1931 la idea ya era copiada por todos los exhibidores. La nueva época de escasez que llegó con la Segunda Guerra Mundial terminó por afianzar esta opción, que además se impuso a otras alternativas como los cacahuetes o las pipas por su virtud de no ensuciar la sala. 

Ahora todos los padres de familia sabemos que ir con los hijos al cine, supone pasar irremediablemente por el puesto de palomitas y que es mucho más caro comprar esos cestitos repletos de suculento maíz inflado que ver la propia película, tanto, que el negocio de las palomitas supone en la actualidad el 85% de las ganancias de los cines. Por desgracia en estos nuevos tiempos de crisis, de las palomitas en el cine (ya nada baratas) es una de las cosas de las que no pocos han de olvidarse. ¡Pero y lo rica que están! Hasta definen un determinado cine de entretenimiento, el "Cine de Palomitas".




Marian Otero

miércoles, 19 de noviembre de 2014

¿Cocina o Ciencia?

Postre de Sant Pau - Ferrán Adriá


No deja de resultar curioso como algo tan ancestral y básico como el cocinar para alimentarse, haya llegado hoy en día a niveles tan altos y con un abanico de técnicas a cual más curiosa e incluso a veces inaccesibles, que se ha dado en denominar "cocina molecular" y "fusión".

Con esta nueva cultura gastronómica que baraja conceptos como la esferificación, la gelificación, el espesado, la cocina al vacío, el emulsionado, la deshidratación de alimentos o el uso del nitrógeno líquido para conseguir texturas imposibles, los reputados chefs, cuyo sumo embajador es el inimitable Ferrán Adriá, nos invitan a entrar en sus "laboratorios de sensaciones" y nos regalan con las denominadas "experiencias gastronómicas", pues con estos innovadores y experimentales platos, ya no sólo satisfacemos el gusto, sino que te ves envuelto en una experiencia sensorial completa, a través de sabores, aromas y texturas desconocidas hasta ahora y que forman una imagen en nuestro cerebro de lo que estamos degustando.

Por supuesto, este nuevo mundo gastronómico, incluyendo obviamente una buena materia prima de toda la vida, cuenta con un gran número de productos ideados para tal fin sin los cuales no sería posible acceder a este nuevo "Olimpo de los fogones".

Así mismo, este floreciente estilo de cocina experimental o de autor, donde los cocineros exploran toda clase de posibilidades culinarias, conlleva también el uso de herramientas propias de un laboratorio de ciencias, por lo que podemos proponer la siguiente pregunta:

-¿Ciencia o Cocina?

Es algo que se empezó a cuestionar hace ya algún tiempo puesto que el 14 de marzo de 1969, el físico inglés de origen húngaro Nicholas Kurti, dio una conferencia llamada "El físico en la cocina" donde interesado por los procesos químicos y físicos que se producen en la misma, expuso la siguiente reflexión:

-"Pienso con una profunda tristeza sobre nuestra civilización. Mientras medimos la temperatura en la atmósfera de Venus, ignoramos la temperatura del interior de nuestros soufflés"

Más tarde en 1988, apareció la denominada "Gastronomía molecular", movimiento dirigido por varios científicos que se unieron a Kurti en sus investigaciones y es gracias a esta corriente, que podemos comprender el porqué de las reacciones químicas y físicas de los alimentos y mejorar las técnicas ya existentes.

No cabe duda que es este un tema que me apasiona ya que con estas novedosas técnicas, los procesos a los que son sometidos los alimentos, dan como resultado verdaderas obras de arte cuyos secretos me encantaría poder desentrañar al llevarme el manjar a la boca, y suscribo en este punto las acertadas palabras de Adriá cuando dice que: "el arte aquí no sólo está en los museos" aunque por otro lado, he de confesar, que la cocina tradicional del "chup, chup" y demás cocciones de toda la vida también me vuelven loca, así que no me queda otra que desdoblarme y con gran placer probarlo todo.

Marian Otero

miércoles, 12 de diciembre de 2012

Cordero a la miel





El cordero es la primera especie animal, que fue domesticada por el hombre hace unos 9000 años atrás en el Medio Oriente, siendo utilizado en sacrificios religiosos y aprovechando su carne y su lana para el subsistir diario. El cordero es en la actualidad, la mayor fuente de carne que se consume en muchos países. La mayoría de las piezas que se venden en el mercado, corresponden a animales con menos de 300 días de vida y suelen pesar entre 5.5 y los 30 kilos (dependiendo de la edad), pasado este tiempo al animal se le denomina carnero.

En España, se ha creado la Identificación Geográfica Protegida (I.G.P), una certificación avalada por la Comisión Europea, que tiene como objetivo designar la denominación de la carne de cordero cuya producción, transformación y elaboración posee un origen geográfico determinado, y cuya calidad o reputación se debe a dicho lugar. Este sello (I.G.P.) es muy importante en el cordero español, ya que existen diferentes denominaciones de origen como por ejemplo: "Ternasco de Aragón", "Lechazo de Castilla y León", "Corderex de Extremadura", "Cordero Manchego", "Segureño", o el "Cordero de Navarra". Al igual que el pavo, es tradicional prepararlo en estas fechas navideñas, por lo que aquí os dejo una receta para cocinarlo con miel:

Ingredientes:

1 lomo de cordero
4 ó 5 dientes de ajo
2 cebollas
Unas hebras de azafrán
1 vasito de vinagre de vino
150 g. de miel de romero (o la miel que tengáis y unas ramitas de romero fresco)
2 hojas de laurel
1 vaso de vino blanco
Sal y pimienta blanca molida
Aceite de oliva

Preparación:

Precalentamos el horno a 200ºC. En una cazuela grande (que luego nos valga para el horno), rehogamos el ajo y la cebolla picados con sal, ponemos el cordero salpimentado y sellamos por todos los lados. Incorporamos el laurel, el vino y el azafrán, cocinamos a fuego bajo hasta que nos reduzca un poco el líquido. Metemos la cazuela al horno y le bajamos la temperatura a 180ºC. Horneamos unos 30 minutos, regando de vez en cuando con la salsa y a mitad de tiempo le damos la vuelta. Si la salsa reduce demasiado, echamos un poco de agua caliente o caldo de carne, y si vemos que la carne nos toma demasiado color y aún no está hecha, la tapamos con papel de aluminio.

En un cacillo al fuego, mezclamos la miel y el vinagre y damos un hervor. Cuando el cordero esté en su punto, lo rociamos con esta salsa y metemos al horno durante 5 minutos más. Servimos el cordero en lonchas con guarnición de verduras asadas, patatas fritas… y un poco del jugo de cocción por encima.

¡Bon appetit!

Por Marian Otero